Opinión: Movistar acaba con la tarifa plana en el ADSL

Hace muy poco acabo de leer que Movistar (ex-Telefónica) supuestamente ha decidido, unilateralmente, acabar con sus tarifas planas para sus conexiones de “alta” (nótense las comillas por favor) velocidad, imponiendo por la fuerza un modelo que ya están aplicando en el Reino Unido y en Perú, hasta donde he podido saber. Una vez más, el surrealismo se impone al sentido común.

Como sabemos, España es uno de los países más atrasados en cuanto a infraestructura de comunicaciones, y no es por falta de inversión o interés. Simplemente no conviene, por temas económicos, dotar al país de canales de comunicación rápidos y baratos. Para la muestra un botón: mientras que en lugares como Japón o Corea la gran mayoría del cableado de última milla ya es de fibra óptica y las velocidades promedio rondan los 100 Mbps, sin necesidad de contratar servicios adicionales como telefonía fija o televisión, en este pintoresco país se cobran tarifas abusivas (en torno a los 50 euros) por conexiones de 10 megas en papel, porque en la realidad no alcanzan en muchos casos, ni el 10 por ciento de lo contratado, comportamiento claramente ilegal, al existir una regulación que supuestamente garantiza que el operador debe prestar el 70% del ancho de banda contratado como mínimo.

La calidad de  los servicios deja muchísimo que desear: interrupciones frecuentes, bajadas inexplicables de velocidad y lo que es peor, ahora pretenden limitar el uso de un servicio contratado como “tarifa plana” aplicando la misma filosofía de los planes de datos en dispositivos móviles: te doy un cupo y en cuanto lo sobrepases, limito tu velocidad.

He escuchado cosas absurdas como que el señor Alierta, presidente de la firma, pretende cobrar a Google por el uso de su red (!), ya que el operador “no puede mantener el nivel de ocupación de sus infraestructuras” y necesita de ayuda de quienes son, supuestamente, sus mayores usuarios, o lo que es lo mismo, quienes supuestamente generan el mayor volumen de tráfico en sus redes de “ultimísima generación”.

Si esto es así, lo racional y de sentido común sería que, al cumplir con mi cupo, pagara la tarifa completa, pero si no es así y no consumo lo que me corresponde, la empresa me devuelva el valor de lo no gastado. Pero no! La filosofía es que el cliente pague y nosotros (Movistar) hagamos lo que nos dé la gana, porque como nadie protesta…

Viéndolo desde un punto de vista optimista, si son el único operador que cae en el error de limitar el consumo, los demás, si son inteligentes, podrían aprovechar la coyuntura para robar grandes cantidades de usuarios al mega-operador, y mostrarle que el mercado y los usuarios, con sus comportamientos cambiantes y en constante evolución, son quienes definen cómo y cuando se prestan los servicios y no al revés.

Si los rumores se confirman y efectivamente se comienzan a aplicar dichas restricciones, lo mínimo que podemos esperar es un medidor de consumo fiable por parte del operador, para saber en todo momento y de manera real, lo que estamos y hemos consumido (cosa que dudo mucho que ocurra) y por otra parte, hacer valer nuestro dinero, es decir: si tenemos un cupo fijo, gastarlo en su totalidad cada mes. Por ejemplo: si son 5 Gb, y el día 20 de cada mes el contador de consumo vuelve a 0 (como en los planes de telefonía móvil), programar nuestro uso para no excedernos, sin dejar de consumir y descargar.

Con eso verán que con sus políticas estúpidas de tratar de conculcar derechos a los usuarios y engañarlos con argumentos que ni ellos mismos creen para su propio beneficio, no van a conseguir cambiar la manera de usar y disfrutar la red. En otras palabras, si creen que la gente dejará de descargar contenidos “piratas” por el simple hecho de limitar el volumen de datos que se baja de internet en un periodo de tiempo, en lugar de repensar cómo ofrecer los mismos contenidos en un formato abierto, disponible de inmediato, a un precio razonable y en múltiples dispositivos, sin aprovecharse de la buena fe de las personas, se encontrarán con una sorpresa muy desagradable, porque como decía la publicidad de una conocida bebida isotónica: “El ser humano es impredecible y por lo tanto, extraordinario”.